Historia de la Iglesia Evangélica Unida de Puerto Rico en Yauco

 

"Yauco, pueblo perfumado por la esencia del café, desde lejos se te ve sobre un monte recostado, pasa un río por tu lado que da frescura a tu suelo…" Y, precisamente, las que en el 1908 llegaban a Yauco desde Guayanilla entraban por la cresta del río al que le cantó Gordilo en su poema dedicado a Yauco así no había Puente sobre el río ni brea en la calle. De frente se encontraba la plazoleta Perazza. Si era domingo se escucharía una música nueva y extraña: eran los himnos que cantaban los feligreses de la recién formada Iglesia Hermanos en Cristo, raíz y precursora de la Iglesia Evangélica Unida.

Los misioneros estadounidenses que la organizaron formaban parte de la avanzada que las Iglesias protestantes llevaron a cabo en Puerto Rico a principios del siglo XX. Los nombres de Phil W. Drary, Charles I. Mohler, Nathan H. Hoffman y el Obispo I.E. Coldwell llevaban las páginas de los primeros treinta años de la misión evangelistica en el área sur y están asociados con la fundación y desarrollo de la congregación Hermanos Unidos de Yauco establecida formalmente en el 1908.

Todavía no se podía soñar con un templo. Se reunían en una casa ubicada en los alrededores de la Plazoleta Perazza. Ésta era suficiente para acomodar a unas cuantos vecinos del pueblo y enseñarles la sana doctrina del evangelio. Se les instruía a través de la lectura de la Biblia que en Puerto Rico era un libro cerrado para casi todos, y las antiguos himnos anglosajones en un español poco dominado por los misioneros.

Para el año 1912 se hablaba de la construcción del templo, se abrió una comisión especial para que estudiara la forma en que la congregación podría ayudar a conseguir ese objetivo. En el 1918 se concretó el proyecto. En una reunión administrativa se anunció que la Junta de Misiones en Estados Unidos aprobó el proyecto de construcción y la iglesia local tendría que comprometerse a aportar la suma de mil dólares en tres años y la misión del resto del dinero.

En agosto de 1922 se anunció su inauguración en la avenida Laffayette, que más tarde se llamaría Avenida Barbosa. Todavía permanecemos en este mismo lugar, firmes y fortalecidos en el Señor, proclamando las buenas nuevas del Reino.

Las predicaciones y servicios de los Hermanos Unidos en Cristo se propagaron por los alrededores del pueblo y pronto comenzaron a producir nuevos líderes.

El enfoque original de la obra fue misionero. Era tan poco lo que se sabía en Puerto Rico del evangelio que tanto las predicaciones americanas como las laicas recién nacidas se tiraron a los campos. Así nacieron los circuitos rurales que con el andar del tiempo tendrían sus propios pastores, como sucedió con el circuito de Rubias y Naranjo.

La iglesia localizada en el pueblo se quedó atendiendo las zonas más cercanas. Desde el pueblo se atendían los campos de Quebradas, Susúa, Jácanas y Almácigo. Tenían esos campos sus líderes y bajo la tutela del pastor local, ayudaba en el trabajo.

En la década de 1940 se comenzó el trabajo en la Barriada Arturos LLuveras, desde yá residían algunos miembros y simpatizantes. En la década del 1960 se empezó en el Barrio Palomas. En el 1995, nació la obra nueva de Lajas. En estos lugares se construyeron capillas y eran atendidas en su trabajo por la iglesia del pueblo.

Nuestra iglesia fue rica en términos económicos. Había un continuo clamor por lograr las ofrendas necesarias para cubrir los gastos. Fue para la década del 40 en que la economía empezó a mejorar, como en todo el país. La iglesia llegó a su sostén propio cubriendo todos sus gastos en el 1946. Hoy día contamos con un templo renovado y cómodo, Edificio Ramón Morales Vega (salón de actividades), Casa pastoral, Edificio del Centro Paraíso Infantil, Casa atrás del templo (Calle Carrión Maduro), un salón (Calle Matienzo Cintrón). Las dos últimas propiedades se utilizan para estacionamiento hasta que Dios disponga otra cosa.

Desde sus comienzos en la congregación se organizaron sociedades que se mostraban muy creativas en el trabajo de la iglesia. Las más antiguas de todas fue la de Esfuerzo Cristiano, que aglutinaba personas de todas las edades, aparte de ésta, existía una Sociedad de Varones llamada Soldados de Cristo y una de mujeres llamada Esther.

Al presente existen fraternidades de jóvenes, damas, caballeros y juveniles, todas ellas muy dinámicas con brazos de actividad congregacional.

En estas sociedades se fueron formando las que con el tiempo ingresaron a los filas del pastorado. Recordamos al Rev. Antolín Castillo, Rev. Antonio Rivera Rodríguez, Rev. Noel Vélez Rodríguez, Rev. José Luis Irizarry, Rev. Rafael A. García Toro y a los pastores José A. Ramírez, Ramón López Feliciano, Carlos Vega Torres y Alejandro García Toro.

En esto ha sido prolífera nuestra iglesia, algunos de estos pastorados han sido largos, en otras temporeros y otros breves. Los pastorados más extensos han sido, Rev. Ramón Morales Vega (17años) Rev. Sadrash Montalvo (14años) y el Rev. Rubén E. Monge Horta (10 años).

Tenemos hermanas y hermanos que ingresaron a la congregación por más de cincuenta años. Actualmente la congregación junto con su pastor, el Rev. Rafael A. García Toro se mantienen activos en el pueblo de Yauco. Han surgidos ministerios que brindan apoyo a la comunidad: Ministerio Jesucristo Venció (Hogar CREA), Ayudando Vidas a Acercase a Cristo (MAVAC) para deambulantes y adictos, Recuerdos (Cuidadores y familiares de pacientes con Alzheimer ) y Sembrando la Semilla (Programa Radial). La visión y misión de la iglesia se ha extendido por el pueblo a través de estos ministerios llevando las buenas noticias de salvación y la misericordia de Dios a una sociedad necesitada.

Otros ministerios que sirven en la iglesia son: Bellas Artes, Adoración y Alabanza, Abuelita Corazón, Edifikando, Vida Abundante y Danza.

Cuando nuestra Iglesia Evangélica Unida de Puerto Rico en Yauco puede celebrar 102 años de labor misionera significa que se ha puesto en las manos del Señor para recibir de Él su sabiduría y fortaleza. Damos gracias a Dios por todos esos misioneros, misioneras, pastores y líderes laicos comprometidos con el trabajo del Señor, muy bien identificados con el pueblo al cual servimos, que a través de los años han sembrado la semilla del evangelio en las almas sedientas. Continuamos la siembra confiando que en cada semilla que se riegue habrá posibilidades ilimitadas de crecimiento. ¡A Él sea la Gloria!